sin titulo (sb sename)

no tengo FB (uno de autor, pero no lo llevo yo), pero aquí en esta hoja suelta (es word, pero como si fuera un cuaderno) escribo esta breve nota atropellada y de comienzo del día, para reconocer el valor de la carta de M. Waissbluth, y la columna de Marco Antonio de la Parra ayer en voces, y el reportaje de revista Paula en los hogares de mamás niñas-adolescentes (violadas, embarazadas, abandonadas a su suerte), el de ciper sobre el poder judicial, y mañana el de Contacto sobre la muerte de Lisette, y las decenas y quizás ya cientos de columnas escritas y cartas a la autoridad a lo largo de tantos años intentando denunciar, apelar, suplicar, persuadir, convencer, hasta encantar, y podría seguir con los verbos porque en realidad han sido muchos verbos, muchas personas, preocupadas de los niños y sosteniendo una voz adulta que los recordara, visibilizara, que atendiera a sus necesidades. Fracasos sobre fracasos. La indolencia fue, ha sido, sigue siendo otra forma de continuar victimizándolos y todos los reportajes del mundo no han ayudado a despertar ante el horror, y actuar urgente, no sólo como ciudadanos sino quienes hacen las leyes y llevan la marcha del gobierno. Cuando vi el anuncio de los millones para TVN, como muchos, habría salido a gritar, pero era tanta la rabia que  tomé una pausa, le tengo tanto miedo a la violencia, tanto, de quien sea, incluso si llega esa energía a habitarme por un día (peor, si me secuestrara, y no, no es de shalaila y viva la paz, es de rebeldía, de resistencia, porque la violencia es la peor sombra de mi vida, por lejos, y no quiero cederle un mm cuando por años me quitó tanto y eso daría ya lo mismo, yo estoy vieja, pero cada día sé de niños y niñas, y seres humanos de todas las edades a quienes el abuso sexual, la violencia física o psíquica dejó malheridos, entonces no, menos todavía, con ella, con la violencia, ni a misa, ni a la vuelta de la esquina, no).

Se anuncia para unos meses el informe de una comisión sename en el congreso (es la segunda, la primera fue en 2013) que debe –y no es broma- “evaluar los avances y retrocesos de lo informado por la comisión del 2013-2014”, palabras del dip. Saffirio). Sigamos perdiendo tiempo, vidas de niños.  Hemos escuchado tanta denuncia y ¿qué se mueve? ¿Qué cambia? Dónde está la cámara y el senado, donde coninfancia (sin comentarios), el indh, donde está la Presidenta, y perdón la ingenuidad, pero dónde están todos. Porque habría esperado hace rato verlos en los hogares, quedarse ahí, pedir perdón, o decir nada, y sólo dormir ahí una noche, en esas camas (que sí están consumidas, muchas, por orines de niños que no ven para cuándo poder reducir su enuresis), y comer esa comida, ir a esos baños y tratar de tomar una ducha con casi cero privacidad (ni tranquilidad). Y también, hace mucho, habría esperado que nuestras autoridades, algunas, un puñado, dieran un día libre a los funcionarios y tomaran un turno, un turno apenas (y muchos son de 24 horas) y vieran cómo se puede, si es que se puede -en un contexto de precariedad, de todo insuficiente, de miseria también- acompañar, contener, estar despierto la noche entera para evitar que unos niños abusen sexualmente de otros, y consolar a los que lloran con pesadillas, y cambiar sábanas de madrugada, y seguir al día siguiente en el empeño de guiar rutinas, o jugar con veinte, treinta niños, y responder a sus necesidades particulares, sus estados de salud, sus tareas (los que van a la escuela ¿quien los ayuda?) sus conflictos, sus nostalgias, sus insomnios, sus deseos incumplidos, o sus “accidentes” (un niño que se caiga y rasmille las rodillas, uno vomite, uno con diarrea, sólo uno a quien ayudar, y la atención se aleja de todos los demás que quizás justo están tensionados o peleando por algo). Padres con 3 o 4 hijos cuentan lo difícil que es a veces el sencillo ejercicio de tener ojos para todos ellos en un paseo, o escucharlos a todos en un almuerzo…

Los informes no sirven, los reportajes, las fotografías… la agitación desborda, qué terrible, qué inhumano, y es sincera la congoja, el consenso en el dolor, incluso, “algo” de vergüenza (fuera toda, no nos podríamos levantar) porque como seres humanos podamos permitir que a otros seres humanos, pequeños, los traten así. Pero la compasión es inestable, lábil, la prensa tiene otro ritmo, los temas caen por aludes, y la atención a lo que va siendo inmediato, supera a la memoria. Se olvida. Quizás porque los sentidos no lo han registrado. Porque lo que no se ha visto, ni olido, o tocado, y los llantos no escuchados, permiten distancia, dejarlo “para después”, o incluso, resignarse a que no hay más nada que hacer. Las fotos de niños refugiados pueden dejar margen para esa distancia, tal vez (no podemos ir allá y hacer algo en vivo, y me pregunto y me pregunto, y es una lesera quizás, pero cómo se va a enseñar de DDHH o de ciudadanía, o de nada en Europa en estos tiempos, mientras los niños en las aulas están posiblemente viendo a esos otros niños, como ellos, tras alambradas y siendo tratados con menos dignidad y piedad de la que se trata probablemente a muchos animales de zoológicos o reservas de conservación naturalista en sus países de la UE….

y cómo se va a enseñar de DDHH aquí, en nuestro país, a nuestros niños…algún día comprenderán la dimensión de tanta negligencia, tanto daño del Estado

Aquí, ahora.

Los niños en Sename no están del otro lado de un océano, sino en cada ciudad, de cada región, de todo el país, quizás a media cuadra de nuestro hogar. Pero como si no estuvieran ¿Quién intercede por ellos? El INDH dónde está, muchos nos lo preguntamos ¿y unicef? (que les falló garrafalmente el 2013 al punto que debimos denunciar a la sede chilena en EEUU), o la OEA, ¿alguien en CHile? De ninguna parte, luz, cero luz, y  van varias semanas intentando entender si y cómo se puede denunciar al Estado de Chile en cortes internacionales (mientras vemos que CIDH está al borde la quiebra), y a la par escribiendo cartas, y esperando en el frente interno que por ej se devuelva el presupuesto de salud mental que había quedado aprobado el gob anterior pero no llegó a los niños…. cada noticia peor que la anterior, y aumenta la angustia, la frustración, la indignación pero éstas no alcanzan para reflexionar y decidir cursos de acción, ¿qué hacemos solamente con más denuncias, más sentimiento de culpa, con más ira desatada y odio como algunas vocerías 24/7 difunden por RRSS sin el menor cuidado, con tanto encono que llega a paralizar las respuestas que necesitamos del colectivo? Y a puro grito poco y nada cambia. Sabemos que lo hemos hecho mal, pésimo (y muchas responsabilidades deben ser sancionadas, eso no está en cuestionamiento) pero mientras están los niños pasando otro día, otra noche, en iguales condiciones. ¿y ahora qué, en serio qué? Qué puede esperarse ya de un Estado con el que no da para sentirse encariñado ni orgulloso ni nada en este momento (y no tiene que ver con adhesiones o si se votó o no por el gobierno de turno), pero que sigue siendo el de “nuestro país” y el de los niños y niñas en el sistema de protección…cómo no ponerse a disposición, morderse el alma y poner el centro en los más chicos, aunque no sintamos que el Estado merezca la menor consideración a estas alturas…de dónde sacar más fe

Confieso que pienso en Sename y siento en la cabeza gritos antiguos o un ruido como el que sale de esos parlantes gigantes cuando están mal ajustados, en un concierto rock (o lo que recuerdo de ellos, no voy hace mil años, y a veces hasta querría), las neuronas desobedecen quizás porque el cuerpo entero también opone resistencia, porque hay cuotas y límites de lo que podemos procesar de penas y horrores en un día humano, o en 7 de una semana (y quienes trabajamos en abuso sexual sabemos que a cualquier hora llegan llamados, mails, denuncias, o pacientes de un tiempo, y no es llegar y decirle a alguien “ahora no puedo, y vamos a esperar a mañana para conversar”, cuando esa persona está queriendo morirse, o cuando son papás y mamás que no saben qué hacer ante el relato de un hijo de 4, años que recién, casi al pasar, antes de dormir, les cuenta algo que ellos claramente reconocen como abuso). Mañana será el Contacto con La vida de Lisette, y será terrible muy posiblemente (es difícil imaginar que no lo sea), y nos iremos a dormir con el corazón apretado, y luego será lunes y esperaremos leer en alguna parte que fue tal la conmoción, que Ejecutivo y Legislativo interrumpieron sus agendas casi por un estado de emergencia nacional comparable al de un sismo, para poner toda su energía en  comenzar no sólo  a pensar cómo responder a la crisis (y esperar que el comité asesor del comité asesor and so on, diga algo), sino actuar, poner manos a la obra y definir un plazo, nunca escuchamos un plazo, necesitamos desesperadamente un plazo y no del tipo “de aquí a noventa días entregaremos las bases mínimas para que el Ejecutivo luego proponga la nueva estructura blablá” (revisen declaraciones de pdte comisión Sename 2, son esas, menos el blablá que lo agrego yo, el ruido vacío, el chicharreo que queda en el alma luego de escuchar cien veces lo mismo). Necesitamos un plazo que diga cuándo, cómo, qué espacios se conseguirán o construirán comenzando ayer, qué dinero se va a sacar de no sé dónde, cuánto tomará materializar correcciones inmediatas, en fin (por favor lean si pueden 7 medidas urgentes del abogado Pancho Estrada). Queda mañana domingo, tengamos miedo no del reportaje de contacto, sino de la no-reacción, la complacencia, la demora todavía. Miedo de que sigamos habilitando este trato a los niños en Sename, no tan distinto del que condenamos cuando se trata de los niños refugiados tras alambradas y en medio del barro frío o el calor incinerante, o frente a sus cuerpos mínimos e inermes en orillas de playas del atlántico (aquí, lejos, en muchos hogares del sistema de protección, para los niños y niñas es la misma orilla, aunque no la queramos ver o no sepamos qué hacer todavía)

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