Dejemos fuera a los niños

Hace un año casi exacto (mayo 2013) escribí una columna sobre Infancia, Ética del Cuidado y Medios de comunicación, a propósito de las omisiones y vulneraciones que ocurren durante la cobertura periodística de abusos sexuales infantiles y otros dolores de la niñez. Como si no pasara el tiempo en Chile.

En las últimas semanas, nuestro país ha enfrentado un terremoto y un incendio de proporciones imposibles. El número de personas fallecidas y heridas tal vez no permitiría a alguien en el extranjero, dimensionar la tragedia. Pero las pérdidas y el sufrimiento para las víctimas del terremoto del norte, y del incendio en Valparaíso (se estiman 12,500 damnificados, un tercio de los cuales correspondería a niños) no caben en ninguna métrica.

La prensa se hace presente de forma masiva y casi ininterrumpida, como en toda situación en que la atención ciudadana es alta y el requerimiento de información es mucho mayor. Es loable la acción de periodistas valientes y serios y se agradece la edición sobria y clara de lo que es informado (hay dolores que no necesitan nada, ni titulares ni música triste de acompañamiento, para sernos evidentes).

También nos damos cuenta de la responsabilidad y compromiso de algunos medios por sostener la energía, preocupación y solidaridad de quienes no han vivido la tragedia, para concurrir en auxilio de quienes apenas y comienzan un proceso que no se limita al desastre, sino que es largo en la mitigación y recuperación -moral y material- luego de los daños sufridos.

Sin radio, televisión, medios escritos, redes sociales, sería mucho más difícil saber de los nuestros, y plegarse a iniciativas de apoyo como comunidad, cuando el país vive una catástrofe. Nadie desconoce el valor de esas contribuciones. No obstante, involuntariamente, desde la presión y precipitación por informar, o voluntariamente, desde la competencia por protagonismos mediáticos y el insensible (y no siempre sensato) rating, se cometen errores y excesos.  El más grave, creo, dice relación con los niños. Los más indefensos.

Llevamos años pidiendo la protección integral de sus derechos, y su cuidado incondicional, en cualquier situación, todos los niños, niñas y adolescentes sin distinciones. Parte de esa protección les corresponde prodigarla a los periodistas, que también integran el mundo adulto y deben respeto a los derechos de los niños, no desde una voluntad ética personal (que sería esperable) sino porque así lo establece la ley, y el Estado de Chile, en marcos nacionales e internacionales a los que nuestra nación adhiere, clarísimos en lo que se refiere al cuidado de la infancia.

Desde el derecho al resguardo de la identidad de los niños, su derecho a la privacidad, el respeto a su dignidad como personas humanas (sólo de menor estatura y sin derecho a voto), el deber del mundo adulto de proteger la integridad física y psicológica de los niños, la consciencia sobre los riesgos de la revictimización (por la reiteración de relatos y revivencia de episodios dolorosos y traumáticos para los niños), y también desde muchos otros ángulos, no se justifica que la cobertura periodística incluya a los niños, y menos aún es aceptable que se les hagan preguntas insensibles y crueles.

Durante el año 2013, a propósito de la cobertura del embarazo como resultado de abuso sexual infantil de una niña de Pto Octay, se indicó muy precisamente -no sólo para ese caso- que si se llegaba a entrevistar a un niño esto debía ser con el consentimiento y autorización de sus guardianes legales (generalmente las madres, padres, u otros familiares).

Una recomendación, a nivel internacional, es que aún existiendo consentimiento de los guardianes, los periodistas -en una situación de mayor control emocional y distancia de la tragedia- deben ejercer criterio. Así una persona autorice a sus niños a ser entrevistados o esté ella dispuesta a serlo, no quiere decir que sea ético o humanitario concordar en que lo haga. Desde un periodismo en la ética del cuidado, el rol del periodista podría/debería ser el de aconsejar y desalentar a dicha persona, aun a costa de perder una “primicia”.

Las experiencias traumáticas generan confusión, perplejidad, estrés, fatiga física y moral. Las personas no están en condiciones óptimas para organizar sus ideas y dichos, o para deliberaciones sobre posibles consecuencias de una entrevista (por ejemplo, en casos de abuso sexual infantil o violación, considerando que hoy en día lo que es publicado en internet no tiene caducidad). Si un adulto puede no estar habilitado para responder, menos lo estará un niño.

En días recientes, la prensa ha vulnerado a los niños en más de una oportunidad y ya son varias denuncias y reclamos en el Consejo Nacional de Televisión (CNTV). Por valorable que sea contar con esta instancia, y más allá de acciones sumarias, lo que más se requiere es la definición de estándares actualizados para cobertura noticiosa, y acaso nuevas legislaciones que efectivamente protejan a los niños y sancionen a quienes los expongan a sufrimientos evitables, y mayores daños.

No se puede dejar el cuidado de los niños a merced del criterio o sensibilidad de los medios o el rating. Estamos hablando de derechos que deben ser respetados, y no de preferencias o recomendaciones sobre cómo hacer periodismo cuando se trata de niños en situaciones traumáticas. O de niños, simplemente.

Aun en la mejor situación, por ejemplo: niño genio gana premio de matemáticas o niña gimnasta gana medalla olímpica, los derechos de la infancia continúan existiendo, el mundo adulto (y cada Estado) continúa siendo responsable y garante de esos derechos así como de necesarias consideraciones éticas sobre la exposición vs el bienestar de los más pequeños, y el imperativo, al menos, de consultar y requerir el consentimiento de padres, madres, cuidadores, custodios, para cubrir noticias donde se involucre a niños y niñas.

El día de ayer, el canal del estado transmitió una nota desde los cerros de Valparaíso (ver), para hacer presente el impacto de la catástrofe en las vidas de los niños. Ignoro si se firmaron las debidas autorizaciones para hablar y mostrar a niñas y niños en cámara, pero  sí fue observable, para muchos, y para mí también, la ausencia total de preparación, reflexión y conocimiento o respeto a los derechos de los más pequeños, de parte del periodista que realizó la nota.

El juicio a las intenciones no es el punto ni es posible. Quizás Claudio Fariña se sentía convencido de que su trato fue acogedor, simpático, o al menos, no completamente inadecuado. No sabemos. Lo que lamentablemente, sí podemos saber, es que se malversa el cuidado y protección de los niños entrevistándolos en medio de una tragedia (entre cenizas y escombros), o entregando un billete de diez mil pesos en cámara a una pequeña para reponer un juguete… no tengo adjetivos.

Para lo que sí encuentro un adjetivo, o dos, es para el gesto insistente  -de cualquier persona, y podría ser periodista, abogado, pediatra, psicólogo, profesor, autoridades- de preguntar sobre pérdidas y sufrimientos de los niños. En la nota deTVN, la espina se hiende en la pena de las niñas entrevistadas por lo que sufrieron en el incendio, incluida la muerte de sus mascotas. Eso es insensible, y hasta cruel, y dudo seriamente que la nota pueda haber “emocionado” a alguien de la manera en que la televisión quizás entiende la emoción. Emoción hay. Pero distinta. Pena, ganas de decirles sshh a las niñas e invitarlas a caminar lejos de donde estaban. En el fuero más profundo, impotencia, y hasta rabia y ganas de gritar o golpear algo, o alguien (y es reprochable de mi parte, y no resuelve nada, NADA, pero es lo que sentí).

Rabia porque no hubo quién protegiera a esas niñas de la entrevista, rabia por esa forma de reportear que arriesga toda la dignidad y respeto que merecen los niños/as; más rabia porque en esa miseria, donde nadie pero nadie “elegiría vivir” -como dijo una señora en otra entrevista inmisericorde el pasado domingo- más se evidencia desigualdad sobre desigualdad de la infancia.

No basta ser niño o niña, con toda la indefensión, desventaja, y asimetría que ello implica en relación al mundo adulto. Además se trata de niños o niñas en la mayor pobreza, y tratados con mayor desconsideración aun. Desde el cuidado, creo que no podemos guardar silencio en esto, ni quietud. Los adultos, como dice Carol Gilligan, necesitamos ser activistas por nuestros niños.

Dondequiera que sea posible, abramos el diálogo acerca de cómo debería ser la relación entre la infancia y los medios; reflexionemos sobre estándares irrenunciables de protección en los reportajes; imaginemos cada vez más alta la vara con que se despliega y observamos el cuidado; manifestemos nuestras resistencias y desacuerdo con las formas de hacer periodismo que arriesgan o vulneran directamente a los niños.

No sé, en días como hoy, qué vergüenza corresponde sentir. Si sólo ajena, o quizás no tanto. Como comunidad compartimos responsabilidades, puede que no sean directas en la gestación de la inequidad, pero sí en su sobrevida, en la demora, en nuestra aquiescencia, o al menos, con los niños, en no ser la voz que necesitan que seamos para ellos. Tomemos en cuenta lo que han logrado movilizar otros activimos en nuestro país.

Hay experiencias de las cuales aprender e intensidades que aumentar en las vindicaciones por el respeto y no discriminación de la infancia. Y digo discriminación, porque nuestros niños y niñas no son tratados con la misma dignidad ciudadana que los demás compatriotas, o en comparación a otras minorías. A veces, lo que se deja sentir es que sus vidas son prescindibles o de menor valor, que se los piensa como inferiores (algo similar a lo que supura en el racismo, el machismo, el clasismo, la homofobia), no dignos de cuidado.

Cuidamos a los niños, como en otras especies, porque necesitan prepararse por un tiempo determinado para poder ellos mismos cuidar y decidir sus vidas. Mientras crecen, no tienen cómo sobrevivir por su cuenta, y necesitan de nuestra compañía y amparo. Tampoco pueden autodefenderse o hacer presentes sus necesidades, o dolores. No votan. No tienen peso económico por sí mismos. Es fácil que se los postergue, o no se los vea. Quizás los adultos miramos muy alto, o nos miramos el ombligo, o a veces hacia abajo, conscientes de que les fallamos: porque no concurrimos a tiempo, o porque no los escuchamos ni fuímos sus voces. Ni siquiera pensamos del todo en ellos, a la hora de votar.

Recuerdo del 2013, las primarias de junio, cuando de ambas coaliciones ganó el único candidato (uno de dos en la alianza, y una entre cuatro de la Concertación-Nueva Mayoría) que no tenía ningún programa de infancia escrito, detallado, ni compartido con la ciudadanía. Cero.

Hubo una fuerte campaña en las redes sociales pidiendo votar informadamente, y había propuestas excelentes, como las de Andrés Velasco y de Claudio Orrego, luego J.A Gómez, y muy limitado a un par de puntos, Andres Allamand. No importó. Luego, para la primera vuelta presidencial, el candidato Alfredo Sfeir insistió en su campaña sobre el compromiso con los ciudadanos niños (como había propuesto A. Velasco antes), y tampoco fue determinante. Uno se preguntaba qué país se puede soñar o crear, sin los niños en nuestro horizonte.

Actualmente, seguimos sin contar con una ley de protección integral de la infancia que podría y debería abordar por ejemplo, entre otros, el tema de la ética del cuidado infantil de parte de los medios de comunicación. El Consejo Nacional de la Infancia, y por favor leamos detenidamente lo que señala el decreto que oficializa su creación (ver aquí), cuenta con un año, prorrogable en seis meses por facultad presidencial para formular una política nacional de la infancia y adolescencia, para proponer al Ejecutivo. Un año. Para formular. Un año.

Pero ahora sí es cuando el Consejo Nacional de la Infancia junto a CNTV, el Consejo de Etica de los Medios de Comunicación, Unicef, el Congreso, las fundaciones dedicadas a infancia, y quien pueda y quiera (e integren miradas distintas, por favor), deberían tomar este tema en sus manos y no permitir en el próximo evento trágico que ningún medio omita el cuidado de los niños ni un mm. Se los solicitamos encarecidamente. Yo al menos se los solicito. Por favor.

Sé que puede ser cansadora mi insistencia en ciertos temas, y lo asumo (como asumo la impronta de las propias experiencias de cuidado, o ausencia de éste, en la biografía temprana), pero me queda poco tiempo en Chile, y aprendo que con la edad, el tiempo parece correr más rápido. O tal vez, es solamente el regreso, con mi hija menor, a una sensación que me acompañó cuando mi hija mayor era niña: “no importa si no lo logro, al menos traté”.

Si nos preguntan nuestros hijos ¿y tú que hiciste? querríamos poder responderles, aun sin éxitos, o con fracasos, que al menos lo intentamos, que no dejamos de intentarlo, por lentos o vanos que hayan podido ser nuestros esfuerzos. Creo que muchos papás y mamás, en muchas esferas, nos movemos así, y desde la claridad compartida sobre los hijos de todos: porque lo que hacemos por otros niños, también irradia hacia nuestro hijo o hija. Entendámoslo bien. Y que lo que dejamos de hacer no sólo afecta a los niños que no conocemos, sino que en alguna parte toca la vida de nuestro propio hijo o hija también.

No veo mayor poder, inclusión y posibilidad de resistencia transformadora que repetir como un mantra “estamos todos juntos en esto”,  los niños también. Pero hay una exclusión con la que sueño para los niños, y mi hija también: que permanezcan lejos, muy lejos, de todo lo que pueda mellar su niñez e integridad. Fuera de entrevistas en los medios, fuera del perímetro de negligencias y abusos, de precariedades e injusticias, fuera, maravillosamente fuera. Por favor.

 

_______

1. Link entrevista TVN a niños de Valparaíso http://www.24horas.cl/nacional/la-realidad-de-los-ninos-en-valparaiso-tras-el-incendio-1183880

2. Link para formulario CNTV http://www.cntv.cl/denuncias/prontus_cntv/2010-12-30/110536.html

3. Ética periodística y trauma: http://www.dartcenter.org Columbia (recursos en inglés y español)

4- Referentes en Chile, profesor Abraham Santibañez, periodista, Presidente Consejo de Ética de los Medios de Comunicación Social, y la periodista y académica Lyuba Yez, Ética periodística y trauma.

5. CC Denuncia al Consejo Nacional de Televisión

websupervision@cntv.cl

Sr(a): Vinka Jackson González
Ud. ha ingresado la siguiente denuncia:
Nombre de Programa: noticias
Genero: Informativos
Señal: TV Abierta
Región canal: Región Metropolitana de SantiagoCanal: TVN
Fecha Emisión: 15-04-2014
Motivos:
Dignidad de las Personas, protección de la Familia y formación de la niñez y la juventudFundamentos:
Los niños chilenos están protegidos por marcos legales nacionales e internacionales que garantizan derecho a privacidad, resguardo identidad, cuidado por su integridad, entre otros. Entiendo que además, desde el año pasado, prensa debe consultar y obtener autorización de padres/guardianes legales si quieren entrevistar/fotografiar/filmar a un niño, y aunque no fuera exigible legalmente es parte de la protección que mundo adulto debe a los niños. Entrevistar a niños víctimas del incendio de Valpo ya es reprochable, preguntarles sobre mascotas que murieron quemadas o sus casas incineradas es cruel, viola sus derechos y debería ser sancionado. Más allá de sanciones, el punto es la necesaria formación de pregrado de los periodistas en ética y cobertura de desastres, y la actualización de estándares y leyes al respecto. No bastan el criterio ni buena voluntad que, claramente, se omiten -vountariamente o como resultado de la precipitación y presión por informar- en épocas de alta noticia, como en situaciones de desastre. Una vez más, solicitar a los canales y medios (como en situaciones en que cubren abusos sexuales) tener mayor responsabilidad y dejar a los niños fuera de su cobertura. Exponerlos a entrevistas en medio de una situación traumática, es revictimizarlos. Respetuosamente, Vinka Jackson
El Consejo Nacional de Televisión ha recibido su denuncia y procederá a examinar los antecedentes a objeto de analizar si corresponde o no acogerla a tramitación e iniciar la investigación respectiva. A Ud. se le mantendrá informado respecto de la evolución de la denuncia. *fue acogida, según notificación de hoy 16 abril 2014
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