Archivo El Post: Entrevista a Carol Gilligan (2013)


carol gilliganEntrevista a Carol Gilligan, New York University, en exclusiva para El Post (Enero 2013)

En lo personal, me emociona y creemos, como medio, que es un evento muy especial el poder compartir con nuestros lectores esta conversación -realizada el pasado mes de Noviembre, 2012, en NYU- con una pensadora del siglo XX-XXI del calibre de Carol Gilligan. Determinante como ha sido y es ella en la promoción y enriquecimiento de conversaciones sociales, a nivel internacional, sobre la Ética del Cuidado.
El año 1996, la Dra. Gilligan –psicóloga clínica y social- era reconocida por TIME Magazine como una de las 25 personas más influyentes de EEUU. Diecisiete años después, su radio de influencia se ha multiplicado y alcanzado a nuevas generaciones, e impactado no solo la esfera de la psicología, filosofía y la política, sino también del derecho y la economía.
Me es difícil intentar una presentación que haga justicia a Carol Gilligan, o transmitir fielmente lo que provoca su presencia sólida y serena. Es hoy una mujer de 76 años, pero todo el tiempo se deja sentir el espíritu vivo de la niña que tocaba el piano, o de la joven que desarrolló una carrera en la danza moderna, mientras cursaba estudios en literatura y psicología (Harvard) durante la década de los sesenta.
En nuestro primer cruce de caminos, algunos años atrás, recuerdo haberme presentado a la Dra. Gilligan como “mamá, psicóloga y escritora”. “¡Igual que yo!” dijo: “y en ese mismo exacto orden, aunque ahora debo agregar abuela, además”. Con una modestia extraordinaria, no hace mención alguna a sus vastos méritos como psicóloga, docente, escritora prolífica, activista, investigadora, y pionera en el desarrollo y difusión de la Ética del Cuidado.
Su obra más conocida es “In a Different Voice (Psychological Theory and Women’s development)”, y la más reciente “Joining the Resistance”. Su trabajo vuelve con insistencia sobre el desarrollo moral, el contrapunto y necesaria integración entre la ética del cuidado y de la justicia, la responsabilidad social de escuchar y recoger todas las voces que somos (con especial interés por las voces de las niñas y de las mujeres jóvenes y adultas), y comprender su resonancia a partir de cuatro preguntas ineludibles: quién está hablando, en qué cuerpo, qué historia es relatada, y en qué contexto, es decir, en qué marco cultural específico y de relaciones humanas se inserta este relato.
Actualmente C. Gilligan enseña Ética del Cuidado en la Escuela de Derecho de New York University, cuyo curriculum releva la irrenunciable dimensión del cuidado ético, en el ejercicio de la justicia y la formación de futuros abogados. La presente es una entrevista que tuvo la generosidad de concederme –en el contexto de una reunión de trabajo en NYU- durante el pasado Noviembre 2012, en exclusiva para El Post:
 
VJ: En las recientes elecciones presidenciales en EEUU la Ética del Cuidado estuvo muy presente,  durante la campaña, y en las conversaciones ciudadanas y los debates políticos. En este contexto ¿qué significado tiene la reelección de Barack Obama, para la  sociedad americana?
CG: Esta elección presidencial fue una clara elección entre valores: aquellos del patriarcado versus los valores de una democracia sustentada en el Cuidado. La victoria fue rotunda para la Ética del Cuidado.
El ex Presidente Clinton lo señaló, el Vicepresidente Biden y el propio Presidente Obama: que la decisión, más que entre candidatos, sería entre un set de valores que enfatizaba el “cada uno se vale por sí solo, estás por tu cuenta” y otro set que de valores que propone “estamos en esto todos juntos”.
Para Mitt Romney y los republicanos, no solo se trató de propiciar el “estás por tu cuenta”, sino de imponer una serie de valores patriarcales donde los hombres deciden sobre el destino de las mujeres; o donde la gente en las altas esferas es la que “merece” estar ahí, en tanto muchos otros pueden ser observados con descuido o desdén. Recordemos solamente el comentario de Romney sobre ese 47% de americanos (los que se “victimizaban”, no aportaban suficientes impuestos, y eran una carga para el gobierno).
Por otro lado, la pregunta de ¿estamos en esto todos juntos? que es ética del cuidado pura, fue la propuesta de los demócratas y del Presidente Obama y ello se refleja en la concepción del sistema de salud, la protección de los derechos de las mujeres, la niñez y la mirada de cuidado que se debe al fenómeno de la pobreza, la justicia social, la educación, la ecología. Esta mirada fue la que prevaleció y triunfó en las elecciones.
La omisión de los republicanos fue desde la creencia que un grupo de hombres blancos privilegiados poseía “la verdad”, olvidando que, en una democracia, todas las personas pueden tener voz en su voto. Y la gente votó, de la forma más multitudinaria.
De alguna forma, lo que vimos este año -las largas esperas para votar, la tenacidad de la gente- fue evocador del movimiento por los derechos civiles. Porque aquí las personas no expresaron su resistencia o su protesta frente a lo que no está bien, de modos violentos. Lo hicieron mediante su voto y así se observa en el aumento del voto femenino, latino, afroamericano, y especialmente de los jóvenes de quienes se esperaba mayor abstención y, no obstante, su votación superó con creces la elección pasada (2008). Reitero: la victoria fue para la ética del cuidado, desde el “estamos en esto todos juntos” (desde un sentido de responsabilidad, vertebral en el cuido ético, donde el beneficio propio no es separado ni superior al beneficio colectivo).
 
VJ: En el marco que propone la ética del cuidado para dar cuenta de todas las voces que articulan el relato democrático, preocupan las voces de los niños. Los niños son ciudadanos pero sin voto, y de alguna forma los límites en el ejercicio de su “ciudadanía” nos eluden, en muchos países. ¿Cómo respondemos a esta realidad?
CG: Estás en lo correcto: TODOS los niños tienen voces, y eso es clarísimo, pero es justamente porque no tienen voto ni rol económico, que la tendencia es básicamente a hacer o actuar como si no tuvieran voz alguna.
En una democracia, lo que hace falta es que los adultos canalicen las voces de los niños y las traigan al frente de forma prioritaria, para que sean escuchados. Esta mediación adulta supone el comprometerse en crear las condiciones que permitan a los niños y adolescentes expresarse, hablar y confiar en que serán tomados en serio. Los adultos son quienes deben asegurar que las voces y necesidades de los niños sean incluidas en el debate. Los niños no pueden hacerse cargo de esto.
Mi investigación ha descansado en “las voces”, y mi trabajo académico y literario está poblado de relatos de personas que no han sido o no son escuchadas, comenzando con las mujeres, las adolescentes,  los niños y niñas. De todas ellas, he observado que las voces de las mujeres son las más cruciales, porque si ellas no hablan, se silencia toda la conversación social. Un claro ejemplo de ello es el relato en relación al abuso sexual infantil.
Fueron voces de mujeres las que abrieron la conversación sobre sus experiencias de abuso sexual cuando niñas, y luego siguieron los hombres, porque para ellos era más difícil compartirlo, y había un sentimiento de vergüenza vinculado a las percepciones sobre masculinidad y las imposiciones del género. Ahora, cuando los hombres hablaron, eso implicó en este país, por ejemplo, la exposición de una verdad donde conocimos cuántos sacerdotes habían estado implicados en el abuso de niños y niñas. Pero no tendrían que haber esperado a la adultez para ser escuchados: la escucha de los niños y adolescentes es siempre, durante todo el ciclo de desarrollo (especialmente para poder estar atentos a ese momento en que muchas niñas y niños dejan de decir lo que realmente sienten y piensan, para decir lo que se espera que digan, o que callen, en función de expectativas o presiones sociales, en general, o vinculadas al género, en particular).
 
VJ: La develación del abuso sexual infantil, como una problemática inescapable a diversos entornos humanos –la Iglesia, los hogares y escuelas-, también se ha abierto en Chile con fuerza el año 2012 ¿qué reflexión y actuaciones, desde la ética del cuidado, podemos desplegar como país?
CG: Una de las consecuencias del abuso, el que sea, es que se pierde la voz y también la memoria. La recomendación, por doloroso que sea el proceso, es crear las condiciones bajo las cuales los niños, niñas y jóvenes que han sido abusados y silenciados, puedan recobrar sus voces -aunque nunca las perdieron en realidad, están dentro de ellos- y reconstruir sus memorias sin necesidad de disociación con lo que han vivido.
En la experiencia traumática del abuso sexual infantil –tal cual en sobrevivientes de guerras-, los niños y adolescentes han sufrido una “herida moral”. Esta herida debe ser reconocida primero, y luego sanada, pero en la comunidad. Lo urgente de comprender es que el proceso de reparación no es responsabilidad ni puede ser logrado solo mediante una terapia individual, o en el seno de la familia de la víctima, sino contando con la presencia y apoyo del colectivo; toda la sociedad. Solo ahí, con sentido de pertenencia y respeto, se puede restablecer lo dañado: la confianza, y el sentido de dignidad.
LECTURA SUGERIDA:
Gilligan, Carol (2013) La ética del Cuidado. Cuadernos de la Fundación Víctor Grífols i Lucas, 10-40, España
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